Un estudio realizado en Suecia encontró una asociación entre las infecciones congénitas conocidas como TORCH y un mayor riesgo de que los niños desarrollen posteriormente autismo o discapacidad intelectual.
La investigación, publicada en la revista JAMA Pediatrics, analizó los registros de salud de 3,7 millones de personas nacidas en Suecia entre 1987 y 2021. De ese grupo, 975 habían sido diagnosticadas con una infección congénita por TORCH.
Este término engloba infecciones como la toxoplasmosis, rubéola, citomegalovirus y herpes simple, además de otras infecciones que pueden transmitirse durante el embarazo, entre ellas la sífilis. En determinados casos, estos microorganismos pueden atravesar la placenta y afectar al feto.
Los investigadores realizaron un seguimiento durante varias décadas para determinar si existía una relación entre estas infecciones y diferentes diagnósticos posteriores. Los resultados mostraron que las personas que habían sufrido una infección TORCH presentaban aproximadamente tres veces más probabilidades de recibir un diagnóstico de autismo y más de siete veces más probabilidades de desarrollar una discapacidad intelectual que quienes no habían padecido estas infecciones.
El riesgo fue todavía mayor cuando se trataba de una discapacidad intelectual grave, llegando a ser hasta 30 veces superior en el grupo que había sufrido una infección congénita por TORCH.
Los científicos también compararon a los afectados con hermanos que no habían presentado estas infecciones. Los resultados fueron similares, lo que, según los investigadores, indica que la asociación observada no estaría explicada únicamente por factores familiares compartidos.
A pesar de estos resultados, los autores señalan que las infecciones congénitas por TORCH son poco frecuentes, por lo que su impacto sobre el conjunto de la población sigue siendo limitado. Estiman que podrían estar relacionadas con alrededor del 1,2 % de los casos de discapacidad intelectual grave y con una pequeña proporción de los casos de autismo registrados en Suecia.
La investigación también encontró diferencias en el rendimiento académico. Incluso los niños que habían tenido una infección TORCH pero que no desarrollaron autismo ni discapacidad intelectual obtuvieron, en promedio, calificaciones más bajas que sus compañeros.
Los investigadores destacan la importancia de prevenir estas infecciones durante el embarazo. Entre las medidas mencionadas están cocinar adecuadamente los alimentos y lavar las verduras para reducir el riesgo de toxoplasmosis, mantener una adecuada higiene de manos y vacunarse contra la rubéola antes del embarazo.
También recomiendan prevenir la exposición a determinadas infecciones, como el citomegalovirus, y realizar la detección y el tratamiento oportuno de infecciones como el herpes simple y la sífilis durante el embarazo.
Los autores subrayan que estos resultados refuerzan la importancia de las medidas preventivas y de los programas de vacunación para reducir las infecciones que pueden transmitirse de la madre al feto.






