El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, llegó a Caracas al frente de una delegación estadounidense para concretar una nueva fase en la relación energética entre Washington y Venezuela, pocos días después de que ambos gobiernos anunciaran un acuerdo petrolero que el presidente Donald Trump ha calificado como el más grande en la historia de Estados Unidos.
Wright y su equipo fueron recibidos después de las 20:30, hora local, en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía por la ministra venezolana de Hidrocarburos, Paula Henao, y el encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas, John Barrett.
La agenda contempla la firma de un nuevo contrato con Chevron y el anuncio de una ampliación significativa de sus operaciones en la Faja Petrolífera del Orinoco, una de las zonas de mayor importancia para la producción de crudo en Venezuela y que concentra una parte considerable de las reservas del país.
“Estos acuerdos de inversión en Venezuela buscan llevar paz, oportunidades y prosperidad al pueblo de Venezuela y al pueblo de Estados Unidos”, declaró Wright tras su llegada.
Esta es la segunda visita del funcionario estadounidense a Venezuela. En febrero pasado, Wright se reunió con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y recorrió junto a ella instalaciones de Chevron en la Faja del Orinoco, como parte de los esfuerzos de ambos gobiernos por establecer una relación energética de largo plazo.
Los términos conocidos hasta ahora apuntan a una operación de gran magnitud. Según el Gobierno estadounidense, el acuerdo contempla el desarrollo de 17 campos petroleros con unos 65.000 millones de barriles de crudo, volumen que representa aproximadamente una quinta parte de las reservas petroleras venezolanas.
La Administración de Trump sostiene que Estados Unidos tendrá derechos económicos y de gobernanza dentro de la nueva estructura empresarial que administrará esos activos. El proyecto contempla la creación de una empresa conjunta con North American Blue Energy Partners (NABEP), compañía controlada por el empresario venezolano Alejandro Betancourt.
Entre las condiciones divulgadas figura una participación del 35 % del Departamento de Defensa de Estados Unidos en la matriz de la empresa operadora. Washington también tendría capacidad de veto sobre determinados nombramientos de la junta directiva, cuya mayoría deberá estar compuesta por ciudadanos estadounidenses.
El acuerdo, además, estaría sometido a las leyes y tribunales de Estados Unidos. Washington tendría derecho a comprar el 20 % de la producción a precio de coste y contaría con prioridad para adquirir buena parte del volumen restante.
La Casa Blanca ha presentado estas condiciones como parte de una estrategia para fortalecer el liderazgo energético estadounidense. El Departamento de Estado ha asegurado que el pacto permitirá garantizar el dominio energético de Estados Unidos durante el próximo siglo.
Sin embargo, uno de los puntos que aún genera diferencias entre las versiones de Washington y Caracas es la duración del acuerdo. Mientras Estados Unidos ha hablado de un proyecto con efectos durante 100 años, Rodríguez ha señalado que el pacto tendrá una vigencia de 25 años y que su meta es elevar la producción venezolana por encima de 1,5 millones de barriles diarios.
La diferencia resulta significativa, debido a que un acuerdo con una duración de un siglo implicaría establecer condiciones para la explotación de una parte importante de los recursos petroleros venezolanos durante varias generaciones. Un plazo de 25 años, en cambio, se encuentra más próximo a los períodos habituales de grandes contratos internacionales de explotación de hidrocarburos.
Las discrepancias también reflejan las distintas interpretaciones políticas del acuerdo. Washington lo presenta como una herramienta para reforzar la seguridad energética de Estados Unidos, mientras Caracas lo plantea como una vía para atraer inversiones, recuperar la industria petrolera y aumentar la producción nacional.
En este nuevo escenario, Chevron adquiere un papel central. La petrolera estadounidense ya opera en Venezuela y se prepara para ampliar de manera considerable sus actividades en el país, consolidándose como uno de los principales actores de la nueva etapa de cooperación energética entre Caracas y Washington.






