La obesidad es hoy considerada una enfermedad crónica, metabólica y progresiva que puede afectar gravemente la salud. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una acumulación anormal o excesiva de grasa corporal que resulta perjudicial para el organismo, con causas multifactoriales que incluyen factores biológicos, genéticos, sociales, ambientales y psicológicos.
Debido a su impacto creciente, la obesidad se ha convertido en una de las principales amenazas sanitarias del siglo XXI. Cada 4 de marzo se conmemora su día, impulsado por la Federación Mundial de la Obesidad, para visibilizar este problema y promover mayor conciencia sobre su impacto en la salud de millones de personas en todo el mundo.
Impacto en la salud
Según la OMS, una de cada ocho personas en el mundo vive con obesidad, condición que aumenta el riesgo de:
- Diabetes tipo 2.
- Enfermedades cardiovasculares.
- Algunos tipos de cáncer.
- Problemas articulares.
- Apnea del sueño.
La evidencia científica indica que el exceso de grasa, especialmente abdominal, favorece la resistencia a la insulina y multiplica el riesgo de desarrollar diabetes, fenómeno que algunos especialistas llaman “diabesidad”.
La necesidad de un abordaje integral
La doctora Mónica Katz, especialista en Nutrición y directora del Posgrado de Nutrición Clínica de la Universidad Favaloro, enfatiza que se requiere una ley de obesidad para garantizar que todas las personas que necesiten tratamiento tengan acceso a:
- Atención nutricional y psicológica.
- Medicamentos específicos.
- Cirugía cuando sea indicada.
Los expertos insisten en que la obesidad no es simplemente falta de voluntad. Factores como alimentos ultraprocesados accesibles, sedentarismo, exceso de pantallas, estrés, falta de sueño, pobreza e inseguridad alimentaria contribuyen a esta enfermedad.
Claves para prevenir y tratar la obesidad
Más allá de tratamientos médicos individualizados, existen pilares fundamentales para mejorar la salud y prevenir el sobrepeso:
- Alimentación equilibrada:
- Priorizar frutas, verduras, legumbres y alimentos integrales.
- Reducir ultraprocesados, embutidos, bebidas azucaradas y golosinas.
- Disminuir la sal y preferir preparaciones caseras.
- Hidratación adecuada:
- Beber al menos ocho vasos de agua al día.
- Evitar reemplazar el agua por bebidas azucaradas.
- Actividad física diaria:
- Realizar al menos 30 minutos de ejercicio moderado.
- Caminar, andar en bicicleta o practicar deportes fortalece el metabolismo y la salud cardiovascular.
- Menos pantallas y mejor descanso:
- Reducir tiempo frente a dispositivos.
- Dormir bien, ya que la falta de sueño altera hormonas relacionadas con el apetito.
- Consulta profesional:
- Buscar acompañamiento médico y nutricional permite un abordaje integral, cuidando tanto la dimensión física como la emocional de la enfermedad.
El Día Mundial de la Obesidad 2026 vuelve a poner el foco en abordar esta condición como un problema de salud pública global, promoviendo acciones sin estigmas y estrategias integrales de prevención, educación y tratamiento.
















