El Jueves Santo marca el inicio del Triduo Pascual, el período central de la Semana Santa en la Iglesia Católica, donde se conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Aunque la preparación espiritual inicia desde el Miércoles de Ceniza mediante ayunos y sacrificios, es este día el que concentra ritos y celebraciones que forman parte esencial de la vida cristiana.
Historia y significado
Formalmente instaurado en el siglo IV, el Jueves Santo recuerda los últimos actos de Jesús en la tierra antes de su pasión, incluyendo cuatro relatos fundamentales de los evangelios: el lavatorio de los pies, la Última Cena, la oración en el Huerto de los Olivos y su detención. Estos eventos dieron origen a la institución de la Eucaristía, el sacramento del Orden Sacerdotal y el rito del lavatorio de los pies.
Durante la Última Cena, Jesús entregó el pan y el vino a sus discípulos, diciendo: “Tomen, esto es mi cuerpo… Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos”, estableciendo así la base de la Eucaristía y su memorial en la Iglesia.
Celebraciones litúrgicas
El día incluye dos eucaristías principales:
- Misa Crismal (mañana):
- Se consagra el santo crisma, un aceite utilizado en el bautismo, la confirmación, la orden sacerdotal y la unción de los enfermos.
- Se bendicen los óleos que se usarán en los sacramentos.
- Los sacerdotes renuevan sus compromisos ministeriales.
- Misa de la Cena del Señor (tarde):
- Se realiza el lavatorio de los pies a 12 personas, siguiendo el ejemplo de Jesús con sus discípulos.
- Durante el canto del “Gloria”, suenan las campanas, que luego permanecerán en silencio hasta la Vigilia Pascual.
- Se consagran las hostias para la comunión del día y del Viernes Santo, ya que ese día no habrá misa.
- El altar se prepara para la adoración eucarística y luego se despoja, tapando las cruces y apagando velas como símbolo del inicio de la pasión de Cristo.
Adoración y recogimiento
Tras la misa, se habilita un lugar de reserva o sagrario alternativo para que los fieles puedan adorar a Jesús de manera constante, marcando un tiempo de recogimiento y meditación sobre su sacrificio. El Jueves Santo, por tanto, no solo rememora la Última Cena, sino que establece los ritos que sostienen la fe y la práctica sacramental de la Iglesia Católica hasta el Domingo de Resurrección.






