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España celebra 80 años de la Tomatina, la batalla de tomates más icónica

Lo que comenzó como una simple pelea de comida entre niños se ha convertido en uno de los festivales más emblemáticos del verano europeo: La Tomatina, que este miércoles celebra su 80 aniversario, bañando literalmente a la ciudad de Buñol con 120 toneladas de tomates.

Hasta 22,000 personas, provenientes de distintos rincones del mundo, se reunirán para lanzarse tomates demasiado maduros en una batalla callejera que dura una hora, pero queda grabada para siempre en la memoria (y en la ropa).

El precio de entrada para los asistentes extranjeros es de 15 euros, lo que les da acceso a una experiencia única: una tormenta roja de pulpa, risas y caos organizado, que deja las calles cubiertas de un puré espeso y a los participantes… igual.

Una historia que empezó con una travesura

El origen de la Tomatina se remonta a 1945, cuando un grupo de jóvenes inició una pelea con tomates durante un desfile. A pesar de haber sido prohibido durante la dictadura de Francisco Franco en los años 50, el festival resurgió con fuerza gracias a la presión local.

Desde entonces, ha ganado fama mundial y, en 2002, fue reconocido como Fiesta de Interés Turístico Internacional por el gobierno español. Solo se ha cancelado en dos ocasiones recientes, durante la pandemia (2020 y 2021).

Tomates sin destino gastronómico

Los tomates utilizados no son aptos para el consumo, explicó Sergio Galarza, teniente alcalde de Buñol. “Estos tomates se cultivan exclusivamente para la Tomatina. Si no existiera, no serían necesarios”, dijo.

Este año, los tomates han sido traídos desde Don Benito, una localidad a más de cinco horas de distancia.

Sin árbitros, pero con reglas

Aunque no hay equipos ni puntos que contar, sí existe una regla clave: aplastar los tomates antes de lanzarlos, para evitar lesiones. Aun así, muchos participantes optan por llevar gafas de natación o tapones para los oídos.

“Terminas destrozado de los brazos, de moverte y lanzar todo”, contó Galarza, quien creció participando en la fiesta antes de asumir un rol como funcionario local.

Una limpieza que brilla

Al finalizar el evento, marcado por el estruendo de un cañonazo, los asistentes se dirigen a duchas comunitarias, mientras las calles son lavadas con mangueras. Paradójicamente, el ácido cítrico del tomate ayuda a dejar el pavimento más limpio que antes.

Un evento que ha cruzado fronteras

Inspirados por el éxito de Buñol, otras ciudades han replicado la idea, incluyendo Londres, Ámsterdam, Sutamarchán (Colombia) y recientemente, Hyderabad (India). Pero para los habitantes de Buñol, ninguna Tomatina se compara con la original.

“Año tras año, ves cómo crece la fiesta y cómo sigue siendo una celebración sana y divertida”, concluyó Galarza.