San Pedro de Macorís. – Tras dos años de abandono, el emblemático Ingenio Porvenir volvió a operar gracias a una inversión estatal de 450 millones de pesos, dirigida a su rehabilitación, modernización y fortalecimiento productivo, según informaron sus autoridades este miércoles.
El administrador del ingenio, Juan Medina, explicó que al asumir la gestión encontró una planta “en estado crítico, prácticamente paralizada” y con una producción tan mínima que no justificaba su operación. El proceso de recuperación inició con la restauración de equipos clave como calderas y molinos, lo que ha permitido poner nuevamente en marcha la producción.
Impacto regional y generación de empleos
La reactivación del Ingenio Porvenir no solo dinamiza la industria azucarera, sino que representa un alivio económico para cinco provincias: San Pedro de Macorís, Santo Domingo Este, Hato Mayor, El Seibo y Monte Plata.
Actualmente, el ingenio mantiene una nómina directa de entre 250 y 300 empleados, y en plena operación emplea hasta 2,500 personas, incluyendo trabajadores temporales y personal extranjero, aunque Medina afirmó que con el proceso de mecanización agrícola, se reducirá significativamente la necesidad de mano de obra foránea.
“Con la nueva flotilla de vehículos y la mecanización de los campos, bajaremos de 200 o 400 trabajadores extranjeros a solo 50 o 75”, sostuvo.
Producción en ascenso y planes a futuro
El director del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), Rafael Burgos Gómez, detalló que el ingenio ya ha logrado recuperar una producción de 40,000 toneladas métricas de azúcar, y proyecta alcanzar 15,000 toneladas en el próximo año, partiendo de las actuales 6,000 toneladas.
Burgos subrayó que para lograr esa meta será necesario incrementar la producción de caña, afectada en gestiones pasadas que redujeron las tierras cultivadas de 110,000 tareas a cifras considerablemente más bajas.
“Estamos fortaleciendo la infraestructura del ingenio para multiplicar la producción de azúcar en los próximos años”, aseguró.
Reparación de calderas: un reto millonario
Una de las tareas más complejas del proceso ha sido la reparación de las calderas, esenciales para el funcionamiento del ingenio. Según Burgos Gómez, cada caldera cuesta alrededor de RD$50 millones y contiene 728 tubos que deben instalarse con precisión milimétrica.
Además, se reconstruyeron componentes técnicos como toberas y bafeles, necesarios para que las calderas generen el vapor que activa las turbinas y hace posible el proceso de extracción, cristalización y centrifugado del azúcar.
“Estos hombres y mujeres trabajan 24/7 para garantizar que los equipos estén funcionando. Esta reactivación no solo es técnica, es humana”, agregó.
















