Día del Orgasmo: entre la brecha del placer y la libertad de gozar

Nació en Esperantina, una pequeña ciudad brasileña cuyo nombre parece ser una promesa: esperanza. Y en cierto modo, lo es. Desde 2006, esta fecha se celebra para poner sobre la mesa un tema tan silenciado como fundamental: el derecho al placer, especialmente el femenino.

¿Por qué un día para el orgasmo?

La iniciativa surgió de un concejal local, José Arimateia Dantas, luego de conocer un dato revelador: el 28% de las mujeres de la región tenían dificultades para alcanzar el orgasmo. Así nació una ordenanza local con una intención tan simple como poderosa: promover la equidad sexual.

Pero más allá de la anécdota, el Día del Orgasmo es una oportunidad para hablar de lo que se goza… y de lo que no.

Una brecha que todavía duele (y finge)

En materia sexual, la igualdad aún está lejos de alcanzarse. Según un estudio publicado por Archives of Sexual Behavior (2018), los hombres heterosexuales llegan al orgasmo en el 95% de sus relaciones sexuales, mientras que las mujeres heterosexuales solo en el 65%.

Peor aún: estudios recientes indican que entre el 30% y el 75% de las mujeres han fingido orgasmos alguna vez, por múltiples razones: presión, compasión, frustración o simplemente por salir de un encuentro insatisfactorio.

El orgasmo más famoso fingido de la cultura pop —el de Meg Ryan en «Cuando Harry conoció a Sally»— sigue siendo referencia porque todavía refleja una realidad incómoda.

¿Por qué existe la brecha orgásmica?

Porque el placer no fue —ni es aún— un derecho igualitario. Porque a las mujeres históricamente se les enseñó a dar placer, pero no a recibirlo o pedirlo. Porque el deseo femenino fue reprimido, regulado, juzgado o directamente silenciado.

Aún hoy, solo el 39% de las jóvenes heterosexuales afirman alcanzar el orgasmo con frecuencia, según la American Association of University Women. Mientras tanto, el 91% de los varones sí lo logra. ¿Casualidad? No. Es consecuencia de una educación sexual desigual y de un modelo sexual centrado en la penetración y la satisfacción masculina.

¿El orgasmo como meta obligatoria?

La sexóloga y periodista Francesca Gnecchi, fundadora de Erotique Pink, cuestiona el llamado “orgasmocentrismo”:

“Se instaló la idea de que sin orgasmo, no hay sexo completo. Pero esa presión puede convertir el clímax en una obligación y, en muchos casos, alejarlo aún más”.

Para Gnecchi, el orgasmo no debe ser el único objetivo, sino parte de un recorrido más amplio, basado en el consentimiento, el deseo mutuo, la exploración y la libertad.

¿Y si dejamos de funcionar como máquinas?

Vivimos en una sociedad que exige resultados, rendimiento, productividad… incluso en el sexo. De ahí la ansiedad, la frustración y los guiones repetidos sin conexión.

“Sentimos que tenemos que tener sexo, tener deseo, llegar al orgasmo. Y muchas veces no nos preguntamos: ¿Es esta la sexualidad que quiero vivir?”, plantea Gnecchi.

Y propone una idea poderosa: desconectarse del mandato de “tener que” y reconectarse con el “quiero”.

El orgasmo como derecho, no como deber

La historia sexual femenina ha estado marcada por silencios, estigmas y tabúes. Desde la histeria diagnosticada como locura por no tener sexo “correctamente”, hasta la frigidez que en realidad era respuesta al abuso o al desinterés.

Hoy, hablar del orgasmo femenino —sin vergüenza ni culpa— es un acto político. Porque el placer también es libertad.

Orgasmos sin reloj, sin nota, sin presión

El orgasmo no tiene que ser una meta ni una medalla. Puede ser un camino, una pausa, un momento. Y si no llega, también está bien. Lo importante es recuperar la posibilidad de disfrutar sin exigencias, sin pena y sin guiones impuestos.

Como bien resume Gnecchi:

“Cuanto más nos obsesionamos con alcanzarlo, menos lo disfrutamos. El cuerpo se tensa, la mente se anticipa, y el placer se escapa del presente”.

¿Un solo día?

El Día del Orgasmo puede ser hoy. O cualquier día. O todos. Lo que no puede ser es seguir callando que las mujeres siguen teniendo menos permiso para desear, menos espacio para pedir y más presión para fingir.

Celebrar el orgasmo es celebrar que el placer no es un lujo, es un derecho. Y que la igualdad también se construye entre sábanas.

Isabel Ciprian

Soy periodista y Maestra de Ceremonias, con una sólida trayectoria en los medios de comunicación a nivel nacional. Mi pasión por el periodismo me ha llevado a formar parte de importantes proyectos informativos, donde he adquirido una vasta experiencia en la cobertura de noticias y la conducción de eventos. Mi objetivo siempre ha sido brindar información veraz y objetiva, respetando los principios fundamentales del periodismo.

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