Madrid.- La influencia de Bad Bunny trasciende los escenarios y las listas de éxitos. Así lo sostienen las académicas puertorriqueñas Vanessa Díaz y Petra R. Rivera-Rideau, autoras del libro P FKN R. Bad Bunny y la música como acto de resistencia, en el que analizan el alcance cultural, político y social del artista boricua.
Las investigadoras afirman que el fenómeno que representa el cantante no comenzó con el lanzamiento de Debí tirar más fotos (2025), sino que ha sido una constante a lo largo de su carrera. A su juicio, aunque el artista no cambiará el mundo por sí solo, sí ha logrado conectar a millones de personas a través de temas que reflejan problemáticas sociales contemporáneas.
Díaz, profesora de Estudios Chicanos y Latinos en la Universidad Loyola Marymount, y Rivera-Rideau, docente de Estudios Americanos en Wellesley College, comenzaron a interesarse en el impacto de Bad Bunny tras observar la creciente presencia del artista en investigaciones y trabajos académicos de sus estudiantes. En 2022 decidieron unir esfuerzos para estudiar su influencia desde una perspectiva cultural.
Las autoras destacan que el éxito del intérprete radica en su capacidad para combinar géneros urbanos con ritmos tradicionales puertorriqueños, al tiempo que aborda asuntos como la gentrificación, la crisis ambiental, la migración y el desplazamiento de comunidades. Consideran que estos temas han contribuido a ampliar el debate sobre realidades que afectan tanto a Puerto Rico como a otras regiones del mundo.
Asimismo, señalan que la trayectoria de Bad Bunny es heredera del trabajo realizado por artistas y agrupaciones anteriores, especialmente Calle 13, que abrieron espacios para un discurso más crítico dentro de la música popular. Para las académicas, el contexto social vivido por las nuevas generaciones puertorriqueñas, marcado por dificultades económicas, el impacto del huracán María y los desafíos en servicios esenciales, ha favorecido la conexión del público con los mensajes del cantante.
También atribuyen parte de su éxito global a sus constantes innovaciones musicales y a sus colaboraciones con productores como Tainy y MAG, que han permitido que su propuesta artística evolucione sin perder autenticidad. No obstante, el libro también aborda las contradicciones que rodean al artista. Entre ellas, las críticas por los elevados precios de sus conciertos y ciertos elementos de sus espectáculos que algunos consideran incompatibles con los mensajes sociales que promueve.
Ante estos cuestionamientos, las autoras sostienen que toda figura pública opera dentro de las limitaciones del sistema económico actual y que ninguna persona puede transformar por sí sola estructuras tan complejas. Aun así, consideran que la obra de Bad Bunny ha servido para generar conversaciones necesarias sobre identidad, desigualdad y resistencia cultural.








