Guadalajara.– Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación, fue enterrado ayer lunes en un ataúd dorado rodeado de enormes coronas de flores y fuerte presencia militar en un cementerio de Zapopan, suburbio de Guadalajara, según confirmaron fuentes oficiales bajo anonimato.
El operativo militar que causó su muerte, realizado hace poco más de una semana, terminó con la vida de Oseguera Cervantes y dos de sus guardaespaldas tras un tiroteo en Tapalpa, Jalisco. El certificado de defunción indica que sufrió heridas de bala en pecho, abdomen y piernas, y que su cuerpo fue trasladado a la Ciudad de México para autopsia antes de ser entregado a su familia.
Seguridad y medidas excepcionales
Debido a la amenaza de represalias del cártel, la Fiscalía General de la República no confirmó públicamente la ubicación del entierro. Desde el domingo se reforzó la vigilancia en torno a la funeraria, mientras que las coronas de flores sin nombre y los símbolos como el gallo —apodo de Oseguera, “Señor de los Gallos”— adornaban el lugar.
Violencia y legado del capo
El asesinato de El Mencho provocó violencia en al menos 20 estados, con más de 70 muertes vinculadas al operativo y a los enfrentamientos posteriores. Autoridades mexicanas mantienen operativos para capturar a otros líderes del cártel.
Como suele ocurrir con los capos del narcotráfico en México, su muerte generó un halo de misterio y culto, con la creación inmediata de narcocorridos que glorifican su figura. El entierro refleja la combinación de lujo, seguridad y secreto que ha caracterizado las ceremonias fúnebres de otros líderes del crimen organizado en el país, como Ignacio Coronel, Arturo Beltrán Leyva o Heriberto Lazcano.
La muerte de El Mencho cierra un capítulo en la historia de los cárteles mexicanos, pero mantiene encendida la alerta por la violencia y los conflictos que persisten en Jalisco y otras regiones del país.














