En medio del aumento de las operaciones militares contra las organizaciones criminales en Haití, varios de sus principales cabecillas, entre ellos integrantes de la estructura 400 Mawozo, expresaron su intención de recurrir a la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para promover un diálogo de paz.
La propuesta, dada a conocer el lunes 2 de noviembre, supone un cambio en la postura que estos grupos habían mantenido durante años, caracterizada por el control armado de territorios, las extorsiones y los enfrentamientos con las autoridades. Analistas y observadores locales consideran que este acercamiento estaría relacionado con la presión que enfrentan las pandillas ante el avance de las fuerzas de seguridad internacionales y la reducción de sus espacios de operación.
La ofensiva se ha intensificado con las acciones de la Fuerza de Supresión de Pandillas, especialmente después de la desaparición de cuatro militares salvadoreños en una emboscada ocurrida a mediados de octubre. En respuesta, El Salvador reforzó su presencia militar en territorio haitiano.
Las operaciones conjuntas también buscan recuperar el control de carreteras, puertos y accesos a Puerto Príncipe, puntos estratégicos que han sido utilizados por las bandas para obtener recursos mediante cobros ilegales, extorsiones y otras actividades delictivas.
En ese escenario, la solicitud de mediación ante la ONU genera interrogantes sobre las intenciones de los grupos armados. Mientras algunos interpretan el planteamiento como una señal de que la presión militar está debilitando sus estructuras, otros advierten que podría tratarse de una estrategia para conseguir una pausa en las operaciones y negociar posibles condiciones de desarme o amnistía.
La iniciativa coincide con los preparativos institucionales para las elecciones presidenciales y legislativas, previstas por el Consejo Electoral Provisional para el 18 de julio de 2027. El calendario contempla una eventual segunda vuelta el 4 de octubre y el inicio de la campaña electoral para el 15 de abril.
La posible apertura de conversaciones con las pandillas añade un nuevo elemento al complejo panorama haitiano, mientras la comunidad internacional deberá valorar si la propuesta representa una disposición real a abandonar las armas o si busca ganar tiempo frente a la ofensiva de las fuerzas aliadas.







