Los labios resecos, agrietados o doloridos son una molestia frecuente que no se limita a los meses de invierno. Debido a que la piel de los labios es más fina y carece de glándulas sebáceas, pierde humedad con mayor facilidad y requiere cuidados para mantenerse protegida.
Especialistas explican que factores como el viento, la exposición al sol, el aire acondicionado, la calefacción y respirar constantemente por la boca pueden debilitar la barrera natural de los labios y provocar grietas e irritación.
De acuerdo con la Clínica Cleveland, cuando esa barrera de humedad se deteriora, los labios quedan más expuestos a las condiciones ambientales. En algunos casos, la inflamación conocida como queilitis puede estar relacionada con alergias, infecciones, deficiencias nutricionales o el uso prolongado de determinados medicamentos.
La deshidratación también puede contribuir a la resequedad, al disminuir la cantidad de agua disponible en los tejidos.
Uno de los hábitos más comunes es lamerse los labios. Aunque puede producir una sensación de alivio momentáneo, la saliva se evapora rápidamente y termina aumentando la resequedad.
Los especialistas también recomiendan evitar morder o arrancar la piel desprendida, ya que esto puede causar pequeñas heridas, aumentar la irritación y retrasar la recuperación.
La Academia Americana de Dermatología aconseja, además, revisar los ingredientes de los bálsamos y productos labiales. Sustancias como el mentol, alcanfor, eucalipto, algunas fragancias, sabores cítricos o de menta y el ácido salicílico pueden generar irritación en determinadas personas.
Para mantener los labios protegidos se pueden utilizar productos hidratantes que contengan ingredientes como aceite de coco, jojoba, ricino o semilla de cáñamo. Estos ayudan a crear una capa protectora que disminuye la pérdida de agua.
La vaselina blanca sin fragancia también puede ser una alternativa para conservar la humedad, especialmente durante la noche.La protección solar de los labios es igualmente importante, sobre todo cuando existe exposición prolongada al sol.
En cuanto a la exfoliación, esta debe realizarse con precaución. No se recomienda cuando existen heridas profundas, sangrado o una inflamación considerable, porque puede agravar el problema.Si la resequedad persiste durante varios días, empeora o aparecen lesiones de manera recurrente, los especialistas recomiendan consultar a un profesional de la salud para identificar la causa y determinar el tratamiento adecuado.








