SANTO DOMINGO.– Las alianzas políticas construidas alrededor de Luis Abinader e Hipólito Mejía, en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), y de Leonel Fernández y Danilo Medina, en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), representan dos de los acuerdos de mayor impacto en la política electoral dominicana de las últimas décadas.
Ambas fórmulas fueron fundamentales para consolidar sus respectivas organizaciones y llevarlas a disputar y ejercer el poder. Sin embargo, sus resultados terminaron tomando caminos diferentes: mientras Abinader y Mejía han logrado mantener la cohesión de su partido, Fernández y Medina rompieron una alianza que durante años sostuvo la hegemonía electoral del PLD.
Abinader y Mejía: una alianza que mantiene el control
La alianza entre Luis Abinader e Hipólito Mejía comenzó a tomar forma con la salida de ambos dirigentes del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) en 2014 y la posterior fundación del PRM.
Dos años después, en las elecciones de 2016, el nuevo partido se consolidó como la principal fuerza opositora. La candidatura presidencial de Abinader, acompañado por Carolina Mejía, hija de Hipólito, obtuvo 1,236,771 votos, equivalentes al 26.82 %, además de dos senadores, 46 diputados y 29 alcaldías.
Desde su fundación, el PRM procuró mantener un equilibrio entre las distintas corrientes internas. José Ignacio Paliza asumió la presidencia del partido y Carolina Mejía la secretaría general, posiciones que ambos conservaron hasta 2026.
La fórmula alcanzó su primer gran resultado electoral en 2020, cuando el PRM se impuso en las elecciones municipales y, meses después, Abinader ganó la Presidencia de la República.
El entendimiento entre las principales corrientes internas también se reflejó en la composición del Gobierno, donde dirigentes vinculados al sector de Hipólito Mejía obtuvieron una participación importante.
La estrategia volvió a rendir frutos en 2024. El PRM logró una amplia victoria en las elecciones municipales, con alrededor de 122 alcaldías y 201 direcciones de distritos municipales, mientras Abinader consiguió la reelección presidencial.
La organización también consolidó una amplia mayoría en el Congreso Nacional, con 29 senadores y 146 diputados, reforzando su posición como principal fuerza política del país.
La reciente renovación de la dirección nacional del PRM volvió a poner de manifiesto la capacidad de las principales corrientes para preservar la unidad interna y proyectar al partido hacia las elecciones de 2028.
Leonel y Danilo: del éxito a la ruptura
La historia de Leonel Fernández y Danilo Medina comenzó con el ascenso del PLD al poder en 1996. Fernández fue la principal figura electoral, mientras Medina desempeñó un papel determinante en la estrategia y organización política.
La relación se fortaleció con el paso de los años y ambos fueron piezas fundamentales en el retorno del PLD al poder en 2004, después de la derrota sufrida en las elecciones de 2000 frente a Hipólito Mejía.
En 2008, el partido volvió a ganar las elecciones con Fernández como candidato. Aunque Medina había competido internamente por la candidatura presidencial, ambos lograron superar sus diferencias y mantener la cohesión partidaria.
Ese entendimiento permitió que en 2012 Medina asumiera la candidatura presidencial con el respaldo de la estructura peledeísta y gubernamental construida durante los gobiernos de Fernández.
La tensión volvió a crecer cuando Medina buscó la reelección en 2016. Sin embargo, nuevamente los dos sectores alcanzaron un acuerdo y el PLD consiguió mantenerse en el poder.
La ruptura definitiva llegó durante el proceso de selección del candidato presidencial para 2020. Medina respaldó a Gonzalo Castillo, quien terminó imponiéndose a Fernández en las primarias internas del PLD.
Fernández rechazó los resultados, abandonó el partido y posteriormente creó la Fuerza del Pueblo (FP), poniendo fin a una alianza que había contribuido a mantener al PLD en el poder durante aproximadamente dos décadas.
Una ruptura con consecuencias electorales
La división tuvo un impacto inmediato en las elecciones de 2020. Gonzalo Castillo obtuvo 1,537,041 votos, equivalentes al 37.46 %, mientras Luis Abinader ganó la Presidencia y el PLD perdió el control del Poder Ejecutivo.
La fragmentación también debilitó la representación peledeísta en el Congreso, los ayuntamientos y otras estructuras de poder.
Desde entonces, ni Fernández ni Medina han logrado reproducir por separado la fuerza electoral que alcanzaron cuando actuaban dentro de una misma estructura política.
Las elecciones de 2024 tampoco permitieron al PLD ni a la Fuerza del Pueblo recuperar el predominio que el peledeísmo mantuvo durante años.
Dos alianzas, dos resultados
La comparación entre ambas fórmulas deja dos desenlaces distintos. Abinader y Mejía han conseguido preservar la unidad de su organización, distribuir espacios de poder entre sus corrientes y mantener al PRM como la principal fuerza política del país.
Fernández y Medina, por el contrario, construyeron una de las alianzas más exitosas de la política dominicana, pero terminaron enfrentados. Su ruptura provocó la división del PLD y abrió espacio para el ascenso del PRM.
Con las elecciones de 2028 en el horizonte, el desafío para el PLD y la Fuerza del Pueblo es recuperar el terreno perdido y construir una alternativa capaz de competir por el poder. Por ahora, la fragmentación de los antiguos aliados dificulta la posibilidad de repetir la fórmula que permitió al PLD dominar la política nacional durante dos décadas.





