El mayor general Rafael Ernesto Rodríguez García asumió este martes la Dirección General de la Policía Nacional, en sustitución de Andrés Modesto Cruz Cruz, quien fue separado del cargo apenas seis meses después de haber sido designado por el presidente Luis Abinader.
El cambio de mando se produjo en medio de interrogantes sobre las razones de la salida de Cruz Cruz, debido a que el decreto 558-26 no detalla los motivos de su destitución. El relevo ocurrió además después de varios episodios que mantuvieron a la Policía bajo presión pública, entre ellos un incidente registrado durante una huelga de 48 horas en Navarrete, el fallecimiento de un ciudadano bajo custodia policial en San Cristóbal y una investigación relacionada con la presunta desaparición de paquetes de droga incautados en Haina.
Durante su discurso de despedida, Cruz Cruz dejó un mensaje dirigido a los agentes policiales en el que defendió la integridad, la ética y el cumplimiento de la ley. Les pidió mantenerse firmes en sus principios, incluso cuando actuar correctamente pudiera tener consecuencias para sus carreras.
El oficial también sostuvo que el verdadero comportamiento de un servidor público se demuestra cuando no existe supervisión. Afirmó que los agentes que cumplen con su deber deben tener oportunidades de crecimiento y reconocimiento, mientras quienes se aparten de la legalidad deben enfrentar las consecuencias.
Las palabras de Cruz Cruz cobraron especial atención debido a que fueron pronunciadas en momentos en que todavía no se conocen públicamente las causas de su salida. Personas vinculadas al funcionamiento interno de la institución han señalado, de manera extraoficial, que su estilo de dirección pudo generar diferencias con sectores de la jerarquía policial.
De acuerdo con esa interpretación, las dificultades no necesariamente habrían estado relacionadas con la falta de autoridad del director, sino con la manera en que intentó ejercerla dentro de una institución caracterizada por una estructura altamente jerarquizada.
También se ha señalado que la falta de un equipo suficientemente articulado alrededor de la Dirección General pudo dificultar la gestión de determinadas situaciones que requerían coordinación operativa, asesoría interna y una estrategia de comunicación institucional.
Uno de los episodios que marcó los últimos días de su gestión ocurrió en Navarrete, donde se escucharon detonaciones mientras la caravana del director se desplazaba por las inmediaciones de la Zona Franca durante una jornada de protestas. Aunque la Policía negó que los disparos estuvieran dirigidos contra Cruz Cruz, el hecho volvió a generar cuestionamientos sobre la seguridad y capacidad de respuesta de la institución.
A estos acontecimientos se sumaron otros casos sensibles que colocaron a la Policía en el centro de la atención pública, aumentando la presión sobre la gestión del entonces director.
El relevo de este martes también contrastó con la ceremonia realizada el 18 de febrero, cuando Cruz Cruz asumió formalmente el cargo. En aquella ocasión hubo honores militares, discursos, juramentación y un acto protocolar en la explanada de la institución, durante el cual recibió el mando de Ramón Antonio Guzmán Peralta.
Esta vez, el traspaso fue mucho más discreto y se limitó al acto formal de entrega del cargo. Cruz Cruz acudió vestido de saco negro y corbata, sin el uniforme policial que había utilizado durante buena parte de su trayectoria, y con un semblante serio.
Ahora, Rodríguez García asume la conducción de una institución que enfrenta el desafío de fortalecer la seguridad ciudadana, recuperar la confianza pública y mantener la disciplina interna, en un escenario donde la gestión policial está sometida a un creciente escrutinio.






