El nombramiento de Víctor “Ito” Bisonó como nuevo ministro de Relaciones Exteriores coloca al frente de la diplomacia dominicana a un funcionario con un perfil diferente al de su antecesor. Su experiencia al frente del Ministerio de Industria, Comercio y Mipymes, sumada a sus vínculos con sectores políticos de centroderecha en América Latina, Estados Unidos y Europa, podrían convertirse en herramientas importantes para la nueva etapa de la política exterior dominicana.
La llegada de Bisonó ocurre además en un escenario internacional donde comercio, seguridad, inversión y geopolítica están cada vez más relacionados. La administración de Donald Trump ha reforzado su atención sobre América Latina, especialmente en temas como seguridad regional, cadenas de suministro, manufactura, migración y competencia estratégica.
Durante sus cinco años en Industria y Comercio, Bisonó desarrolló una agenda cercana a Washington en asuntos como nearshoring, inversión extranjera, zonas francas, cadenas de suministro y seguridad económica. En septiembre, incluso sostuvo reuniones en Washington con representantes de la Casa Blanca, el Pentágono y el Departamento de Estado, abordando temas que hoy ocupan un lugar central en la política exterior estadounidense.
Su designación también recibió el respaldo público de numerosas figuras internacionales. Entre ellas se encuentran los expresidentes colombianos Iván Duque y Andrés Pastrana, el expresidente boliviano Jorge “Tuto” Quiroga, la líder opositora venezolana María Corina Machado y el exvicecanciller uruguayo Nicolás Albertoni.
También llegaron felicitaciones desde Panamá, Guatemala, Israel y Estados Unidos. El canciller israelí Gideon Sa’ar expresó su disposición a continuar fortaleciendo las relaciones bilaterales, mientras el congresista republicano Carlos A. Giménez calificó a Bisonó como “mi amigo”. Desde el Partido Demócrata estadounidense, el congresista Adriano Espaillat también destacó su trayectoria como servidor público.
A estas reacciones se sumaron el secretario general de la OEA, Albert Ramdin, organismos regionales y representantes de instituciones internacionales vinculadas con la promoción democrática.
Uno de los principales activos de Bisonó es precisamente la red de contactos políticos que ha construido durante décadas. En Chile mantiene vínculos con sectores de la derecha y tuvo acercamientos con José Antonio Kast antes de que este asumiera la Presidencia. También ha participado en espacios regionales como el Grupo Libertad y Democracia.
España constituye otro punto relevante de sus relaciones internacionales. A través del Centro de Análisis para Políticas Públicas (CAPP), Bisonó ha mantenido contactos con figuras como José María Aznar y Mariano Rajoy, además de participar en actividades relacionadas con el Partido Popular Europeo y otros espacios de la centroderecha iberoamericana.
Esa red podría resultar especialmente útil en un momento en que varios países latinoamericanos han experimentado un desplazamiento electoral hacia posiciones de derecha o centroderecha. Sin embargo, el reto para Bisonó será utilizar esos vínculos como instrumentos de Estado y no limitar la diplomacia dominicana a afinidades políticas.
El nuevo canciller también tendrá que manejar una agenda compleja con países y gobiernos de distintas orientaciones ideológicas. República Dominicana mantiene intereses estratégicos con Estados Unidos, Europa, América Latina, China y organismos multilaterales, además de enfrentar desafíos particulares relacionados con Haití, migración, seguridad y comercio.
Su llegada representa, en ese sentido, un cambio de perfil respecto a Roberto Álvarez, quien contaba con una trayectoria más marcada por la diplomacia, el derecho internacional y el trabajo multilateral.
Bisonó llega a la Cancillería con un perfil esencialmente político y económico, en momentos en que la diplomacia y el comercio internacional están cada vez más conectados. Su principal desafío será transformar las relaciones acumuladas durante años en oportunidades concretas para República Dominicana, manteniendo al mismo tiempo una política exterior abierta y equilibrada.
La capacidad del nuevo canciller para convertir sus contactos personales y políticos en beneficios para el Estado dominicano, sin comprometer la independencia de la diplomacia nacional, será una de las principales pruebas de su gestión.








