Un intenso cielo de tonalidades rojizas sorprendió a los habitantes de Galeras, en el departamento de Sucre, Colombia, durante el atardecer, provocando asombro entre residentes y usuarios de redes sociales.
El fenómeno llamó especialmente la atención porque ocurrió pocos días después del terremoto de magnitud 7,4 registrado el pasado 10 de agosto. La coincidencia llevó a algunas personas a relacionar el color del cielo con la actividad sísmica e incluso con las llamadas “luces de terremoto” y otras interpretaciones de carácter religioso.
Sin embargo, no existe evidencia científica que demuestre una relación entre un cielo de color rojo y la ocurrencia de terremotos. Los especialistas explican que este tipo de tonalidades puede producirse por la forma en que la luz solar atraviesa la atmósfera, especialmente durante el amanecer y el atardecer.
Cuando el Sol se encuentra cerca del horizonte, sus rayos deben recorrer una mayor distancia a través de la atmósfera. En ese trayecto, los colores de menor longitud de onda, como el azul y el violeta, se dispersan con mayor facilidad, mientras que los tonos rojos, naranjas y amarillos pueden hacerse más visibles.
El fenómeno, conocido como dispersión de Rayleigh, puede intensificarse además por las condiciones atmosféricas del momento. La presencia de humedad, nubes y partículas suspendidas en el aire puede modificar la forma en que la luz se dispersa y generar atardeceres particularmente intensos.
Aunque la imagen del cielo rojizo coincidió con la reciente actividad sísmica en Colombia y generó numerosas especulaciones, las condiciones naturales de iluminación y de la atmósfera ofrecen una explicación científica para el fenómeno observado en Galeras.
Hasta el momento, no existe evidencia que permita considerar este tipo de cielo como una señal o indicador de nuevos terremotos.





